lunes, 16 de marzo de 2015

“Me ofrecen dinerales, pero no cedo mis temas a la política”


Entrevista a Coti Sorokin.El rosarino, uno de los autores de “Color esperanza”, lanza su séptimo disco. Mudado de España a la Argentina, confiesa: “Pasé años de miedo”.

Como su Color esperanza sonó más que el navideño Jingle Bells durante la etapa presidencial maratoniana De la Rúa/Duhalde/Puerta/Rodríguez Saá/Camaño, Coti Sorokin decidió ponerle fin al asunto de las apropiaciones musicales por parte de la política.

“Terminantemente no cedo derechos de canciones mías para ninguna campaña. Me hincha, venga de quién venga. Hay una propiedad intelectual sobre algo y ya di la directiva: ni siquiera me pregunten acerca de esa posibilidad. Me han ofrecido dinerales, por ejemplo, por Nada fue un error. Y no”.

Roberto Fidel Ernesto Sorokin siente el hormigueo en el cuerpo. Y no es metáfora. Se ha sentado accidentalmente debajo de un sauce llorón, casi en el centro de un hormiguero de una usina palermitana, y mientras habla, las pequeñas criaturas se le disparan. Se rasca, sigue, las espanta, pero nunca detiene la charla: “No veo mal que un artista se sume a un proyecto político, pero a mí no me sale hacerlo. Prefiero dudar tranquilo”.

A los 41, el padre de hits que popularizaron Diego Torres y Julieta Venegas, lanza su séptimo disco Qué esperas, un hijo más de esa compulsión que asume: “Me obsesiono con palabras. Por ejemplo, llegué a grabar una misma canción con letras distintas. Sueño con melodías y arreglos. Con cómo solucionar la forma de una canción. Hay un estado entre el sueño y la lucidez, como una media hora de un estadio de ensueño, en la que necesito levantarme rápido y escribir antes de que todo eso se vaya. Hay algo del subconsciente que me soluciona temas creativos y me destraba”, explica aplastando contra su cuerpo a las hormigas. “Con el tiempo me di cuenta de que un disco es para toda la vida. Ya no tengo tanta ansiedad por sacarlo, entendí que debe tener tiempo de maduración”.

Tiempo. Sobre ese concepto navega todo el tiempo Coti en el álbum nuevo. La mayoría de las letras remiten a horas, a días, a modos de medir la vida. “Me preocupa el tiempo. La idea de la muerte me angustia casi todos los días. Ya sea la de mi gente o la mía. Creo que eso mismo no nos deja ser felices a muchos. La música puede que sea mi antídoto. El hecho artístico te genera un mundo fantástico que te evade del real”. Fueron dos muertes de colegas las que reflotaron en él la cuestión existencial: “Con la muerte del Flaco Spinetta estuve deprimido. Porque son espejos en los que uno se viene reflejando desde muy chiquito. Y de repente te sacan esa base. Será que tiene que ver con la entrada a una edad. Tenía poca relación con él, cenamos un par de veces en Madrid, entre amigos. Pero lo que yo me guardo no son las charlas, sino lo que significó su música desde que tengo 14 años. Lo mismo me pasó con Cerati. Muchos sentimos cierto alivio por él, pero su muerte nos shockeó”.

Mientras lee Cómo funciona la música, de David Byrne, Coti cuenta los engranajes de su propio proceso de composición. “Suelo escribir la letra primero. No necesariamente toda. Mi trabajo de composición es escalonado. Pero el disparador siempre son las palabras para mí. De ahí empiezo a tejer el volumen y la profundidad de lo que quiero decir y cómo lo quiero decir. Utilizo todas las formas de crear: con rima, sin rima, con métrica, sin métrica, cambiando métrica, forzando a cambiar melodías, estructurando melodías para usarlas como corset para las palabras”.

Mudado a la Argentina, el rosarino criado en Concordia (Entre Ríos) que vivió más de una década en España, ya ni tiene que lidiar con esa vieja etiqueta de archivo. No hay nota anterior en la que no se mencione su amistad con los hermanos Calamaro y su familiaridad vocal con “El Salmón”. Lejos quedaron las épocas de producción y asesoramiento de artistas (colaboró con el disco Honestidad brutal). Desde el álbum anterior (Lo dije por boca de otro, en el que parecía apropiarse de los temas que eran suyos pero habían popularizado sus colegas) anda abocado a seguir plantándose como cantautor. “Pasé muchos días de miedo cuando me fui a vivir a España”, sorprende.

¿Cuál era el miedo principal?

Diría que fueron años de miedo. La lejanía, la distancia, dejar una vida por empezar otra. Me la pasé luchando contra mis miedos en la vida. Claro que un grado de miedo es necesario y saludable. Las batallas más grandes y difíciles fueron las propias, las que me puse yo. Todo eso que uno se crea en la cabeza, las limitaciones, el autoboicot, el prejuicio de uno.

¿Te genera presión saber que quizá pases el resto de tu vida haciendo canciones, pero no una del nivel de popularidad que alcanzó “Color esperanza”?

No. Verdaderos ídolos hicieron 50 discos y tres canciones populares. Mi mayor logro fue haber hecho algunas buenas canciones, pero siempre desconfío un poco de todo. Hasta de un premio Grammy que pueda recibir. Trato de no creer mucho lo bueno que puede ir pasándote.

¿Qué sensación te genera ir por la vida y, de pronto, escucharte continuamente al pasear en un taxi o al entrar a un supermercado?

Me sorprendo: pensar que nadie tiene idea de lo que yo estaba sintiendo en ese momento, y la persona que escucha le da otra connotación. Mi sensación es como transformarse en un espíritu invisible. Soy como un espíritu que anda sobrevolando por todos lados. El otro día veía un programa en el que jugaban al karaoke con un tema mío. Hay un estribillo de una canción mía (Mis planes) que dice “Yo me quiero quedar”. Como todo artista, se ve que tengo ansia de inmortalidad.



Cómo es su vida con dos pares de mellizos

Una probabilidad en millones y le tocó justamente a él. Coti fue padre de mellizos dos veces. Y hoy todavía no puede creer el milagro de tener a Iván, Maia, Dylan y Leyre. “Los primeros dos bebés nacieron en 1995, cuando yo era muy joven y junto a mi chica lo vivimos con mucho sacrificio. Fue mucho más difícil que el nacimiento de los otros mellizos, porque en aquel momento no teníamos ni para pagar alquiler. Ya no trabajaba para comprarme la guitarra que quería, sino para alimentar varias bocas”, recuerda.

“Los otros nacieron en 2004, cuando ya estaba instalado en España. Ser padre de esta forma es maravilloso, como tener una estrella. Es el logro más grande de mi vida. Y lo mejor es que seguimos siendo una familia muy unida. Viajamos juntos y van conmigo a donde sea. No sé si quiero que ellos cuatro sean músicos. No los quiero condicionar”, dice. Mudado, ya inscribió a los chicos en una escuela argentina.



Séptimo disco y sobredosis de giras

Con dos temas sonando fuerte ya en las radios (Tu gloria y 50 horas), Qué esperas, su séptimo disco, es lo esperable: sin ver el arte de tapa, cualquier desprevenido podría saber que se trata de un disco de Coti escuchando apenas los primeros acordes. Amor y más amor, como en una versión más dulce de Andrés Calamaro, con quien se lo suele emparentar vocalmente. El álbum (de Universal) incluye el tema Contra todos los males de este mundo, de Luis Alberto Spinetta, de quien Coti es fanático.

Algunas fechas de su gira nacional: 17 de abril, Espacio Quality (Córdoba); 23: Teatro Tres de Febrero, Paraná; 24 de abril: Teatro Odeón (Concordia); 25 abril: Teatro Vera (Corrientes); 9 de mayo: Auditorio Fundación (Rosario); 14 mayo: Teatro Gran Rex.
Fuente: Clarin